Los plomos que se utilizan para pescar tienen medidas, pesos y formas muy variadas. Algunos pesan unos pocos gramos mientras que hay otros que llegan a los 5 kilos.
Junto con el mercurio y el cadmio, el plomo está entre los elementos químicos más peligrosos y los que causan daños graves a los organismos marinos, en especial a los que viven en el sedimento.
Además son bioacumulativos, es decir, los tejidos corporales de algunos organismos filtradores y de los peces que están al final de la cadena trófica pueden tener concentraciones muy altas de estos metales pesados.
Para intentar minimizar el impacto ambiental de la pesca algunos fabricantes han empezado a modificar la forma de estos elementos para evitar que se pierdan y queden esparcidos en el fondo. Lo más acertado, sin embargo, sería sustituir el plomo por otros materiales inocuos.